Hoy llegué tarde a Expresión Gráfica. No estaba muy preocupado, porque según yo, según mi horario en internet, según el horario de la sala y según mis compañeros, a las 10:15 teníamos Antropología. Eran las 10:45 y Antropología era una vaga preocupación entre conversaciones ociosas de espacios libres (De esas que uno solía tener en el colegio cuando el profesor faltaba o llegaba tarde). Entre las palabras que se cruzaban, mezclaban y amoldaban llegó una voz de la nada: “Los de Poirier tienen clases de Expresión en la B33”. Caminamos en manada; nuestras caras unidas podían formar un signo de interrogación de proporciones inimaginables.
Y llegamos… llegamos a “no existir”, porque habíamos llegado tarde. Llegamos a ser oyentes de algo que, más que una clase, parecía un grupo de terapia grupal. Al llegar me di cuenta que me perdí de pequeños detalles de cada uno de mis compañeros que quizás nunca habría llegado a saber a través de las vías normales de comunicación. Rayos! Y más encima no existía. ¿Puede haber algo más frustrante que eso? En todo caso, la frustración duró poco, porque de a poquito empezamos a existir; algunos porque habían viajado, yo porque hablo inglés (Actually I began to write this thing in english, then I realizad that I had to do it in spanish… it happens mosto of the time).
Una vez que todos existíamos, entendí por qué en un primer momento la clase me pareció más un grupo de ayuda psicológica emocional, que una clase propiamente tal. Porque, apuntando a DaVinci como lo hizo el profesor, entendí que era una clase afectiva, que apuntaba más al órgano que está a la izquierda del pecho, que al que le da órdenes a él y a todo lo demás en el cuerpo.
Cuando ya no podía esperar algo que me sorprendiera más, nos disfrazamos. Sí, nos disfrazamos, con bolsas de papel café, esas que uno a menudo usa para guardar el pan, nos cubrimos los rostros. A pesar de que no nos veíamos las caras, cada máscara dejaba entrever algo de la personalidad de cada uno, en las más diversas formas. Y luego nos agrupamos de acuerdo a intereses… qué difícil fue elegir entre tantas cosas.
Hice contacto con gente que me producía curiosidad desde un principio, claro que no lo dejaba saber; y la instancia de acercarme a matar dicha curiosidad me parecía lejana.
Todos existentes, nos separamos. Unos fueron de incógnitos a las calles de Santiago, con una máscara visible, pero del mismo nivel que las máscaras invisibles que ocupan los santiaguinos a diario en el centro; los ojos en el suelo, no levantes la vista, sólo camina y llegarás a salvo a casa.
Mientras los otros, también enmascarados, nos deseabamos Feliz Año Nuevo, porque es verdad, el año comienza AHORA!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Me parece fantástico tu relato.
Esa es justamente la idea... q expresen lo q sintieron, si les gustó o no... si les sorprendió, si están o no de acuerdo....
Esta es la idea... Estar dispuestos a jugar, a crear, a inventar, a equivocarse y caerse y a pararse de nuevo.
Bien por tu comentario y para la próxima ya nos vemos a la hora q corresponde!!!
Bienvenido al curso, ánimo y suerte!!!
Cathy
Publicar un comentario